LA FISCALIDAD A GOLPE DE COYUNTURA

A fuerza de siete años de crisis, las personas están reorientando sus preferencias hacia el alquiler. Un país con un fuerte y arraigado posicionamiento hacia la propiedad, está reorientando su modo de acceso, parcialmente y casi a regañadientes, a la vivienda en arrendamiento, porque las posibilidades económicas sólo hacen viable este tipo de acceso a ya muy amplios colectivos sociales.

Las instituciones públicas también vienen virando desde hace tiempo, aunque no con brillantes resultados, dadas las penurias de los recursos públicos empleados en la materia, hacia políticas que pretenden facilitar el alquiler social y la rehabilitación.

También hay factores de política fiscal en juego. Las desgravaciones a la compra de viviendas ha sido la política efectiva de gasto público en vivienda de más éxito desde tiempos inveterados, consumiendo recursos por vía indirecta (vía gasto fiscal que minora los ingresos públicos factibles) superiores ampliamente al gasto público directo en vivienda de las administraciones públicas.

Época de cambios, por tanto. El primer paso al frente: la desaparición de la desgravación a la compra.

Algunos estudios estiman que los  precios de la vivienda se han inflado hasta un 30% como consecuencia de encarecimientos artificiales derivados de las desgravaciones (la subvención termina en el alza del precio de la vivienda). Y es que parece que todos los beneficios que obtenían los propietarios finales por estos retornos fiscales, se trasladaban al precio final del vendedor, retroalimentando la burbuja.

Se entendió por tanto que la política fiscal beneficiaba a aquellos que inflaban burbujas y que era conveniente no ayudar en este proceso, parando el suministro de carbón a la caldera de los precios. Se descontó lo impopular de la medida, pero se asumió dada la situación de la economía en general y de las cuentas públicas,  en particular.

Pero, ¿y el alquiler? ¿Ha sumado mayores deducciones? ¿Se ha incentivado su acceso con beneficios fiscales para arrendador y arrendatario? Parece que la inicial senda seguida para un trato fiscal favorable al alquiler que incentivara su puesta en uso, ha sido rápidamente abortada. Y aquí nuevamente aparecen razones de búsqueda de ingresos públicos.

En 2015 se suprime la deducción por alquiler de la vivienda habitual, aunque de forma transitoria se mantiene para algunos arrendatarios.

Para ello resultará necesario que el contribuyente hubiera tenido derecho a la deducción por alquiler de la vivienda habitual en relación con las cantidades satisfechas por dicho concepto,  en un período impositivo devengado con anterioridad a 1 de enero de 2015. Debiendo además mantener en vigor el contrato de arrendamiento y seguir cumpliendo los requisitos de rentas máximas.

Nuestras autoridades fiscales han concluido de nuevo que las desgravaciones fiscales, en este caso al alquiler terminan elevando las rentas de alquiler del mercado? Da la sensación de que no ha habido suficiente tiempo para extraer ninguna conclusión y que sólo ahora empiezan a subir las rentas de mercado como consecuencia de la mejora de la economía.

Parece que estamos y de nuevo, ante la dictadura de la coyuntura en las políticas públicas. Se gobierna y se decide a corto plazo. Parece no existir un futuro a más de 18 meses, con lo que la planificación y ejecución de políticas a largo plazo ha desaparecido del actuar público.

Menos mal que quedan las deducciones autonómicas, que en el caso de Euskadi, parecen aguantar el tirón coyuntural.

Más información:

http://economia.elpais.com/economia/2014/06/26/vivienda/1403790526_405022.html

http://www.elconfidencial.com/vivienda/2015-05-22/los-impuestos-ocultos-inflan-un-25-el-precio-de-la-vivienda_851758/

http://www.bolsamania.com/declaracion-impuestos-renta/desgravar-por-la-vivienda-habitual/

 

 

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